La mítica banda chilena Lucybell se prepara para despedirse de los escenarios con una gira nacional que contará con shows de -extra- larga duración ¿Lo sabías?
En julio comenzó el “Ecos – Tour Final”, con 21 conciertos a lo largo del país, donde Claudio Valenzuela (voz y guitarra), Eduardo Caces (bajo) y Cote Foncea (batería) rinden tributo a los 34 años de historia que Lucybell nos ha regalado y enfilan hacia un “receso indefinido”.
El show al que logramos asistir tuvo lugar en Valparaíso, ciudad donde la banda ya sabía que el ambiente estaría sabroso, pues el concierto se enmarcaba en una feria de emprendedores con comida y bebestibles para ir preparando la garganta. Eso sí, el acceso no era precisamente sencillo: el escenario estaba en el “Terminal de Cruceros” de Valparaíso. Había que llegar a la estación de tren, cruzar la línea férrea y dar la vuelta completa al edificio para entrar. Preguntando se llega a Roma, dicen… pero un letrerito o un mapita no le habría hecho mal a nadie, sobre todo para una pseudo-porteña falsa como yo.
El recital arrancó puntualmente a las 21:30, con un público mayoritariamente adulto-joven o, como dirían algunos, vie-joven, vestidos con casacas y pulseras de cuero. Los acordes de “Sembrando en el mar” abrieron la noche, y el público se unió de inmediato al coro junto a Claudio, entonando el clásico del disco homónimo de 1998.
El setlist fue generoso: tres horas de música, 40 canciones que mezclaban los éxitos más conocidos con esas joyitas ocultas que los fans corearon con entusiasmo, además de dos canciones recientemente lanzadas. Y cuando los menos fanáticos ya se sentían listos para ir a casa —después de unas quince canciones—, Cote interrumpió desde la batería para preguntar: “¿Cómo están? Esto está recién comenzando…”. Y sí, quedaba bastante por disfrutar.
La extensión del show permitió recorrer las distintas etapas e influencias de los nueve álbumes de estudio de la banda. Hubo pasajes instrumentales de shoegaze con vaivenes de platos, tambores y cajas, acompañados de hipnóticas cuerdas de bajo y guitarra, que daban pequeños respiros entre tanto cabeceo. Pero la calma duraba poco: el noise-pop característico de Lucybell volvía con fuerza. Entre riffs y acordes se podían pescar guiños sonoros a Incubus, Deftones, Primus, La Ley, trompetas a lo Luis Miguel e incluso, por un momento, parecía que se colaban los Electrodomésticos. Todo aparecía y se desvanecía como un espejismo sonoro entre las luces del escenario.
Hablando de luces: el sello visual de Lucybell es sobrio, muy “noventero” chileno. Rojas, blancas y estroboscópicas, acompañando la música sin robar protagonismo. Nada de “visuales” o efectos de iluminación muy modernos: si vas a ver a Lucybell, vas a verlos a ellos y su calidad musical. Y eso, que podría generar que el show fuese plano en algunas ocasiones, en esta oportunidad podría decir que se agradeció, por lo extenso y el sello mismo de la banda.
Los últimos acordes llegaron cerca de las 00:30, con un público que ya empezaba a sentir las piernas cansadas y a colgarse las chaquetas en la cintura. Hubo dos falsas despedidas antes del cierre real, que llegó con dos infaltables: Mataz (del álbum Viajar, 1996) y Mil caminos (del Sesión Futura, 2001). Con este último rolón, la banda cerró la noche dejando un mensaje que resonó en todos:
“Al final de mil caminos
Siempre habrá desvíos
Al final de mil caminos
Decido, te sigo.”
Los últimos conciertos serán el 9 y 10 de octubre en el Movistar Arena, Santiago. El primero celebrará los 30 años de Peces (1995), su disco debut, y el segundo —con entradas totalmente agotadas— será un repaso de lo mejor de su carrera, antes de entrar en el receso que ellos mismos anunciaron.
Y tú, ¿cuál es la canción de Lucybell que más marcó tu vida?